La Inclusión Financiera, clave para la recuperación de América Latina y el Caribe

La inclusión financiera está jugando un papel fundamental en la respuesta económica de América Latina y el Caribe y será fundamental para su recuperación económica

No es posible elegir entre promover la inclusión financiera y estimular la economía. La inclusión juega un papel fundamental en la respuesta económica de América Latina y el Caribe (ALC) a la crisis provocada por el COVID-19 y será fundamental para su recuperación.

Esta es una de las principales conclusiones del Microscopio Global 2020 presentado en noviembre por el Grupo BID, al que se puede acceder de forma gratuita en este enlace.

El Microscopio Global 2020 es un informe elaborado por The Economist Intelligence Unit con el apoyo de BID Invest, BID Lab, el Centro para la Inclusión Financiera (CFI) y la Fundación Bill y Melinda Gates, que evalúa anualmente el entorno para la inclusión financiera en 55 países emergentes a través de cinco categorías, veinte indicadores y 71 subindicadores.

Es una herramienta de referencia internacional creada en 2007 que fue completamente rediseñada en 2018 para incluir cambios en el campo de la inclusión financiera tras la aparición de los servicios financieros digitales. Sin embargo, este año muchos de los esfuerzos realizados por reguladores y gestores para controlar la crisis provocada por COVID-19 no se vieron reflejados en las leyes y reglamentos adoptados, por lo que fue necesario realizar entrevistas adicionales con expertos y analizar fuentes secundarias, para entender cómo las instituciones financieras estaban respondiendo a la crisis.

La principal conclusión que se extrae de estos esfuerzos es que la inclusión financiera es y será clave para la respuesta económica y la recuperación de ALC. De los 21 países de esta región incluidos en el Microscopio, 19 realizaron transferencias económicas de emergencia para apoyar a los sectores vulnerables de la población durante los cierres y confinamientos. De ellos, 11 países distribuyeron esos fondos principalmente a través de cuentas financieras y billeteras digitales. Las transferencias digitales permitieron garantizar que la asistencia social llegara a sus destinatarios de forma rápida y segura.

Las infraestructuras digitales han permitido a los gobiernos identificar, registrar y movilizar fondos a una escala y velocidad sin precedentes. El ejemplo más destacado se encuentra en Brasil, donde desde abril de 2020 la ayuda gubernamental a trabajadores independientes, microempresarios y desempleados llegó a 67 millones de personas, prácticamente un tercio de la población del país.

Para la distribución de tan enorme cantidad de fondos, un banco público abrió cuentas de ahorro digitales para quienes no estaban bancarizados para que pudieran acceder a los beneficios, creando 25 millones de nuevas cuentas financieras en solo dos semanas. Otros países de América Latina y el Caribe también lanzaron programas de transferencia económica para trabajadores del sector informal, alcanzando el 75% de estos trabajadores en El Salvador, el 38% en Chile o el 21% en Colombia.

Estas transferencias masivas de dinero han sido posibles gracias a tres aspectos fundamentales:

  • Sistemas de identificación integrados: en Brasil, por ejemplo, el Cadastro Único, un sistema integrado de datos para los beneficiarios del programa de transferencia económica (Bolsa de Familia), permitió al gobierno identificar rápidamente a los más vulnerables. En Guatemala y El Salvador, por su parte, las autoridades identificaron potenciales beneficiarios de la ayuda utilizando facturas de servicios públicos que presentaban los niveles más bajos de consumo. Mientras tanto, Colombia utilizó la base de datos tributaria para identificar a los trabajadores vulnerables.
  • Cuentas financieras: los sistemas de identificación que están vinculados a las cuentas financieras pueden facilitar la verificación de datos así como la entrega de fondos a sus destinatarios. En Chile, por ejemplo, las ayudas del programa Bono COVID se depositaban automáticamente en las cuentas de los beneficiarios vinculadas a su número de identificación nacional.
  • Teléfonos móviles, que han sido cruciales para facilitar los procesos de registro y la transferencia de ayuda financiera durante la pandemia. En Colombia, el programa Ingreso Solidario para familias que antes no eran beneficiarias de programas de transferencia económica de protección social alcanzó a 2,6 millones de hogares, y logró abrir un millón de nuevas billeteras digitales y cuentas de pago de servicios por teléfono móvil para distribuir fondos. Los destinatarios recibieron un SMS notificando la recepción de los fondos.

Estos tres recursos digitales pueden ir más allá de la simple transferencia de ayuda financiera y allanar el camino para el acceso a la economía digital, que puede ser crucial para la recuperación económica. En Brasil, solo por citar un ejemplo, el Banco Central encontró que los receptores de ayuda han utilizado un promedio del 40% de los fondos para realizar pagos digitales por servicios, a empresas o para compras en línea, lo que muestra un aumento notable en las finanzas digitales entre un población previamente no bancarizada.

Por lo que podemos afirmar que las inversiones en infraestructura digital dan sus frutos. Los países de América Latina y el Caribe deben seguir brindando a sus ciudadanos los instrumentos necesarios para ser parte de la economía digital y deben construir canales que garanticen que los fondos de emergencia lleguen a quienes más los necesitan, cuando la ocasión lo requiere.

Por lo tanto trabajar en la región sobre una banca abierta es uno de los proyectos mas importantes que debemos hacer para generar una inclusión financiera para aquellos que mas lo necesitan.

Esto ya deja de ser una brecha entre los involucrados, hoy es un deber social, un compromiso con aquellos que necesitan de nuestra ayuda.

Allí es donde puedes sumar tu ayuda, y formar parte de la creación de uno de los motores de la igualdad de oportunidades.

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